Año y medio como mamá. Los días son largos, los años cortos.

¡Feliz año y medio mi vida!

Dieciocho meses. Año y medio de amor, en el que todo cambió. Mis prioridades, mis tiempos, mis quehaceres, mis pensamientos...en definitiva, mi vida entera.

De nuevo, balance. En los aniversarios me gusta echar un poco la vista atrás, luego hacia delante, y pensar. Pensar en todo lo ocurrido. Pensar en que van a tener razón quienes dicen que los días son largos, pero los años cortos. Pensar en cómo eres, tan tú, tan autentica, y en lo bien que te conocemos después de año y medio. Pensar en qué momento nos encontramos. Pensar en cómo queremos seguir viviéndolo. 

Eres una bebé preciosa que cada día parece más una niña, a pesar de tu tamaño. Miro fotos y vídeos en los que aún no andabas, imágenes de una época en la que gateabas, o en la que tan sólo te mantenías sentada, incluso tumbada. ¿Cómo ha podido cambiar todo en tan poco tiempo?

He aprendido a mantener la calma. A saber esperar, a confiar en ti. Porque no siempre antes es mejor. Porque he comprobado que cada niño, cada ser humano, tiene sus ritmos. A veces es antes, otras después. Nos pasamos el día comparando, y sólo la flor sabe qué día abrirá sus hermosos pétalos para mostrarse al mundo. Si los abriese antes de tiempo, se rompería, y no podríamos gozar de su belleza, de ese bonito instante de vida que nos regala. Contigo es igual. Sólo tú sabes cuándo estás preparada, y llegado el momento, nos lo muestras sin titubear. Porque eres magia, pura vida, luz.

Ya hace unos meses que andas, y eso te da cada vez más autonomía e independencia. Te encanta caminar, y en esos momentos no quieres brazos, ni carrito, ni nada, sólo explorar. De hecho si tenemos prisa y tenemos que llevarte nosotros, estalla la rabieta. Eso a veces me tensa, pero respiro hondo porque sé que estás en todo tu derecho. A decir lo que quieres, a poner tu criterio sobre la mesa, a quejarte si no estás de acuerdo. Porque ante todo, en esta sociedad adultocentrista, mamá te respeta.

A tus dieciocho meses siento que acabamos de empezar una nueva fase, y es que estamos en plena crisis de lactancia, la crisis de los dos años (y es que tú todo lo emocional, siempre lo adelantas). Te toca explorar el mundo, pero para estar más segura recurres a mamá, y vuelves a pedir teta como una recién nacida. Bueno, no sólo la pides, sino que más bien ¡la exiges! Estás reafirmando tu "yo", te das cuenta de que te haces mayor y por eso necesitas la teta, para saber que todo va bien, que en cierto modo las cosas siguen como antes... Yo sé que tengo que estar ahí hasta que todo pase, pues llegará un momento en que tengas plena confianza en ti misma, y ya no lo necesites. Aunque sinceramente, todo esto me ha cogido de sorpresa, pues de día ya apenas mamabas, pero es que ser madre es así, siempre sale un nuevo reto a cada paso. Tengo que confesar que hay días en que se hace agotador, y soy consciente de que siento en mí la agitación del amamantamiento. Pero por suerte siempre pasa, pues tengo un firme deseo de seguir con la lactancia más tiempo, de llegar al menos a los dos años, como recomienda la OMS. La lactancia siempre ha supuesto muchas cosas buenas para nosotras, por eso siempre pesa más su lado de la balanza. Pero tú y yo sabemos que la razón más valiosa, la más poderosa, no es la de la OMS, ni tampoco lo son las razones médicas, ni las económicas... la razón más poderosa es simplemente que queremos seguir, que así lo siento y sale de mis entrañas. Sólo por eso no va a haber nada que nos detenga. Seguiremos con nuestra lactancia, mientras lo deseemos las dos. 

Muchas felicidades Vera por este año y medio de vida, estos dieciocho meses de amor. Gracias por todo. El mayor deseo que tiene mamá para ti es que seas muy feliz. Sonríe, disfruta, ¡vive intensamente! Mamá te quiere mucho.

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