Nuestra escapada a Sancti Petri (Cádiz) en familia, con parada en Cáceres a la vuelta.

Mis amores en La Barrosa

¡Hoy vengo con otro post viajero! Y es que a estas alturas seguro que ya sabes que nos encanta viajar en familia, y que si podemos hacerlo en varias escapadas al año (aunque sean cortitas) en lugar de concentrar todas las vacaciones en sólo una... pues mucho mejor. Nos gusta esta manera de organizarnos, así la rutina no nos pesa, porque sabemos que más pronto que tarde volveremos a hacer las maletas... para disfrutar de nuevo de una de estas salidas que tanto nos endulzan la vida.

En esta ocasión teníamos que acudir a un acontecimiento familiar en Sevilla (desde aquí un beso a la novia más guapa del mundo, ¡mi prima!), y la idea era aprovechar la situación "y ya que estábamos" hacer un par de horas más de coche, pero disfrutar de la provincia de Cádiz, que siempre nos enamora. 


El paraíso es esto

El sitio que elegimos para alojarnos fue el Aparthotel Las Dunas, en Sancti Petri, Chiclana. Tiene una ubicación perfecta, con acceso en pocos minutos a pie a la playa de La Barrosa, un lugar que nos encanta. Y es que Cádiz tiene unas playas que son la envidia de cualquiera. Largas y anchas, de arenas finas y aguas transparentes... Muchas son salvajes, sin paseos marítimos ni apenas servicios, y creo que es ahí precisamente donde residen todos sus encantos.

Finalmente resultó que nuestro alojamiento nos sorprendió gratamente, y no sólo por su ubicación, sino por un cúmulo de cosas: las zonas comunes eran muy bonitas, la piscina fue ese gran lugar al que siempre quería ir Vera (ya que ahora le ha dado por odiar la arena de la playa), los trabajadores del hotel fueron muy amables con nosotros y con nuestra pequeña, el buffet (pues pillamos una muy buena oferta en pensión completa) nos pareció de buena calidad, además de rico y saludable. Por todo esto y basándome en nuestra experiencia, lo recomiendo totalmente, sobre todo yendo entre semana y fuera de temporada tal y como hicimos nosotros, para evitar esas aglomeraciones innecesarias que no nos gustan nada. 

Además de disfrutar del mar hicimos un poco de turismo por los alrededores. Y es que tumbarte todo el día en la playa suena a planazo (y realmente lo es), pero la realidad es que soy un poco culo inquieto y siempre me gusta sacar algo de tiempo para visitar imprescindibles por la zona. Soy consciente de que esta lista podría ser bien larga, pues conozco Cádiz desde hace años y sé que esconde un tesoro a cada paso, pero había que elegir y en esta ocasión nos decantamos por Vejer y Conil, dos pueblos en los que tienes que hacer parada sí o sí.

Nuestra familia viajera al completo

Plaza de España en Vejer de la Frontera

Mi niña preciosa en Vejer

Para visitar Vejer de la Frontera dejamos el coche en el parking existente en la entrada del pueblo, justo al lado de la oficina de turismo. Siempre es conveniente pedir un mapa y un poco de información para que la visita sea todo un éxito. Con esos básicos ya podemos comenzar a callejear por la zona, pero esta vez llegamos justo a tiempo para unirnos a una visita guiada, y no nos la quisimos perder. 


El resumen de nuestra visita guiada es el siguiente: paseamos por las calles de Vejer junto a nuestro grupo, parándonos en diferentes miradores para admirar las vistas del pueblo y sus alrededores, subimos al castillo de Vejer (situado en la parte más alta del pueblo), nos deleitamos con la postal que para la vista supone el callejón de las monjas (llena de pintores intentando captar su belleza) así como otros rincones con encanto, entramos en la emblemática pastelería Galván a probar un poco de "pan durillo" tradicional (que es un dulce hecho con los recortes sobrantes de otros pasteles), y cómo no, escuchamos las historias que nuestra guía nos contaba: el por qué de los nombres de algunas calles, diferentes anécdotas, la tradición de las "Hazas de la Suerte" el día de la lotería de navidad, cómo es el traje típico de Vejer (las cobijadas), de qué se componen los platos gastronómicos de la zona... En definitiva, una mañana muy bien aprovechada, descubriendo la belleza de Vejer con la ayuda de una guía cualificada.

* Nota práctica: Junto a la oficina de turismo hay un parque infantil que a nosotros nos vino genial para que jugara Vera un par de ratitos, antes y después de nuestra visita al pueblo. Aunque ella nos acompaña siempre encantada a todas partes (le viene bien todo, siempre y cuando esté con nosotros), esto no quita para que también tenga su "momento parque", que como a cualquier niño le encanta.

Vistas de Conil desde la torre de Guzmán

Nosotras en Conil

Para visitar Conil de la Frontera bajamos con el coche hasta la playa, en la cual se encuentra un parking gratuito (justo después de pasar una zona de pago) en el que nos fue bastante fácil encontrar aparcamiento. Desde allí tenemos el centro a tan sólo unos pocos minutos a pie de distancia.

También visitamos la oficina de turismo, pero esta vez recorrimos sus calles por libre. Conil es un pueblo ideal para disfrutar tomando algo en cualquiera de sus múltiples terrazas, con un ambiente muy auténtico en el que te sientes como en casa. En nuestro paseo subimos a la Torre de Guzmán (alrededor de la cual surgió la nueva villa de Conil), visitamos la iglesia de Santa Catalina (que en ese momento albergaba una exposición de pintura contemporánea), y entre otras cosas, disfrutamos con la escultura conmemorativa de José Saramago (escritor portugués al que de alguna manera nos sentimos unidos desde nuestro viaje a Lanzarote). También nos hubiera gustado visitar el museo de raíces conileñas (que inexplicablemente se encontraba cerrado), aunque sé que en otro momento lo haremos, porque Conil es uno de esos lugares a los que siempre tienes que volver.

Patio andaluz

Durante estas vacaciones me ha pasado algo muy curioso, y es que a pesar de no ser yo una persona muy de apegos, sino más bien todo lo contrario (no me suele costar "soltar" cuando es necesario, me es fácil fluir con la vida y la situación presente y dejar atrás aquello que "ya no me sirve"), he tenido una especie de reencuentro espiritual con mi tierra y mis raíces, que me ha hecho ver que de alguna manera sigo ligada a Andalucía. Estos sentimientos me han parecido muy interesantes y ando metida de lleno en reflexiones varias, ya veremos hasta dónde me lleva todo esto...

Nuestras vacaciones en Chiclana llegaron a su fin, pero viajando en coche con una niña pequeña decidimos que no queríamos volver a Madrid "de un tirón", sino que pasaríamos una noche a mitad de camino para hacerle a Vera el viaje un poco más llevadero. Es por ello que Cáceres forma parte de nuestro viaje por el sur. Reservamos una noche en pleno centro histórico y aprovechamos una tarde y la mañana siguiente para hacer turismo.

Comienza nuestra aventura cacereña

Nos gusta Extremadura, pero Cáceres nos sorprendió. No me extraña que su centro histórico haya sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Por lo visto es uno de los conjuntos urbanos de la Edad Media y del Renacimiento más completos del mundo. Se encuentra muy bien conservado y constituye todo un deleite cultural digno de ser admirado.

Iglesia de San Francisco Javier

Aljibe del Palacio de las Veletas

Lo primero que hicimos fue llegar a la Plaza Mayor y como siempre, dirigirnos a la oficina de turismo más cercana. Allí nos llenaron las manos de folletos y de mapas, imprescindibles para una visita mínimamente en condiciones. Tras esto cruzamos el Arco de la Estrella, muy cercano a la torre de Bujaco y la ermita de la Paz, y comenzamos nuestra andadura. A partir de ahí disfrutamos de diversos palacios y casas nobles, torres defensivas, conventos, iglesias (entre las que destaca la de San Francisco Javier), y cómo no, descubrimos los aljibes de los que tanto nos habían hablado (el de San Francisco Javier y el del Palacio de las Veletas) y que nadie se puede perder.

Menuda personaje

Además de lo monumental vimos cosas muy curiosas, como por ejemplo una reivindicación en forma de silla y vapor de agua que aparecía al sentarte, que era ni más ni menos que una reflexión sobre la despoblación extremeña (nos contaron que los extremeños "se evaporan", ya que por diversas cuestiones muchos se ven forzados a marcharse de su tierra).

En plena judería

También nos gustó mucho pasear por la judería vieja. Está llena de rincones pintorescos en sus calles empedradas. Sin duda es callejear por sus calles está en mi lista de imprescindibles.

Casa Museo Árabe

Sala del té

Patio de la casa árabe

Pero lo que me terminó de enamorar fue la Casa Museo Árabe Yusuf Al Burch. Por 1,50 € puedes disfrutar de este lugar, toda una joya que consta de sala del té, harén, alcoba, aljibe, cocina, bodega, patio... Como curiosidad nos contaron que en ella vive un fantasma, cosa que no me extraña, porque yo si pudiera también me quedaba a vivir allí...

Y hasta aquí nuestra escapada al sur. Un viaje que comenzaba con un acontecimiento familiar en Sevilla y que ha acabado siendo una especie de "roadtrip" maravilloso, en el que he podido darme cuenta de que tengo raíces además de alas. Como siempre, ya sabes que si te apetece ¡puedes dejarme un comentario!

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